El mundo está lleno de poesía (y de todo lo demás). La vida es casi bella y, también, casi dolorosa... pero menos, desde luego. Sé que vivir en el limbo es cosa de tontos, eso dicen, o de personas que se apartan de la realidad de una u otra manera: eso es imposible. La realidad es imposible no verla, sentirla de mil maneras en y sobre nosostros. Desde nuestro más íntimo y efímero interior; desde nuestro interior más pudoroso, y desde la superficialidad más extrema, aquella que aporta esencia e intesidad a nuestra pobre vida interior. Es así: no somos nadie y tampoco somos nada (o todo lo contrario). Pero si es lo contrario de lo esperado somos grandes e infinitos y no existe cielo, ni purgatorio, infierno o limbo que puedan albergar nuestras esforzadas y trabajadoras almas.
La vida es una puta casualidad. La nuestra aún más.
Dar gracias??? Claro... pero a quién... como... dónde... y hasta cuando. Es de bien nacido ser agradecido, el plural sobra, por eso lo desperdicio con mi olvido. Somos uno. Es curioso.
Todos los días nos falta algo, y algo llega, lo mismo, lo diferente, lo inexacto, lo imperdible, lo indecible, lo indecidible, lo, lo, lo, lo. Son muchas las cosas que se pueden añorar, desear, querer, odiar, amar, desleer, adulterar, calcinar, ornamentar, engolar, taladrar, atornillar, cantar, decantar, envolver, desplumar, escribir, desescribir.Pero son sólo cosas.
Es la humanidad lo que al final del cuento tiene la llave del sentido. Estemos o no estemos. Los que están y aún son tienen la responsabilidad, o no, de mantener la llama encendida. El hogar caliente y seco... y el duro trabajo se seguir siendo personas, mejores o peores, da lo mismo. Personas a nuestro pesar y con toda la ilusión del mundo.
Es mentira que cada año sea un año más: uno menos, otro menos, aún otro menos y así hasta el fin. La cuenta atrás no tiene misterios. La vida es una broma infinita.... de reirse, digo yo. ja, ja, ja.
Un fuerte abrazo a todos. De corazón.
... y este poema viene al pelo. Es, ya sabéis de T.S. Eliot ( ami me mola el del bambú... pero este es fino)
Los hombres huecos
Somos los hombres huecos
Los hombres rellenos de aserrín
Que se apoyan unos contra otros
Con cabezas embutidas de paja. ¡Sea!
Ásperas nuestras voces, cuando
Susurramos juntos
Quedas, sin sentido
Como viento sobre hierba seca
O el trotar de ratas sobre vidrios rotos
En los sótanos secos
Contornos sin forma, sombras sin color,
Paralizada fuerza, ademán inmóvil;
Aquellos que han cruzado
Con los ojos fijos, al otro Reino de la muerte
Nos recuerdan -si acaso-
No como almas perdidas y violentas
Sino, tan sólo, como hombres huecos,
Hombres rellenos de aserrín.
1925
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