Yo descubrí a Ellizabeth Smart de rebote. Rondábamos los dieciocho y un novio al que le gustaba juzgar el libro por la portada descubrió, por ese método, dos joyas:
Tocarnos la cara que nunca leí y cuyo autor no recordamos, ni yo, ni google de Belen Gopegui (gracias Pati y Juanjo!) y
En Grand Central Station me senté y lloré, del que me regaló la
bonita edición de Lumen con la bellísima cara de la bellísima Smart mirándome fijo desde la solapa. Desde entonces he leído ese libro único y salvaje docenas de veces, es uno de mis veinte libros favoritos en el mundo, un amor que comparto, al menos, con
Morrisey y
Enrique Vila-matas.
Y así estaban las cosas cuando, hace tres meses, ocurrieron dos cosas de golpe: presté mi edición a alguien que no la merecía y que no la devolvió, y Periférica lo rescató del olvido con una reedición. Ojalá sea tan excepcional como la de Lumen, porque Elena y Carolina hablarán mañana de ella en ¿Quieres hacer el favor de leer esto, por favor?
MÁS. Manuscritos y portadas | JOHN DEAKIN feat. Elizabeth Smart,1952
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