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25.06.2017 / Sesión no Iniciada 
_LITERATURA * ENSAYO

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En estos tiempos de hipercomunicación bastaría la invitación de enviar a un amigo cualquiera de los textos que consideres interesantes algo redundante: demasiada comunicación, demasiados textos y , en general, demasiado de todo.
Es posible que estemos de acuerdo... pero cuando encuentras algo interesante en cualquier sitio, la red, la calle, tu casa, o un lugar escondido y remoto, compartirlo no sólo es un acto (acción, hecho) de amistad o altruismo, también es una manera de ahorrar tiempo a los demás (y de que te lo ahorren a ti (si eres afortunado) a costa del tiempo que tu has podido derrochar (emplear) y el gustazo de mostrar que estuviste ahí (o donde fuera ) un poco antes (el tiempo ya no es más el que era).
Comparte con tus conocidos aquello que encuentras, es evolución.
Un día perfecto para el pez plátano
04-08-06 J.D. Salinger 

 
En el hotel había noventa y siete agentes de publicidad neoyorquinos. Como monopolizaban las líneas telefónicas de larga distancia, la chica del 507 tuvo que esperar su llamada desde el mediodía hasta las dos y media de la tarde. Pero no perdió el tiempo. En una revista femenina leyó un artículo titulado «El sexo es divertido o infernal». Lavó su peine y su cepillo. Quitó una mancha de la falda de su traje beige. Corrió un poco el botón de la blusa de Saks. Se arrancó los dos pelos que acababan de salirle en el lunar. Cuando, por fin, la operadora la llamó, estaba sentada en el alféizar de la ventana y casi había terminado de pintarse las uñas de la mano izquierda.

No era una chica a la que una llamada telefónica le produjera gran efecto. Se comportaba como si el teléfono hubiera estado sonando constantemente desde que alcanzó la pubertad.

Mientras sonaba el teléfono, con el pincelito del esmalte se repasó una uña del dedo meñique, acentuando el borde de la lúnula. Tapó el frasco y, poniéndose de pie, abanicó en el aire su mano pintada, la izquierda. Con la mano seca, tomó del alféizar un cenicero repleto y lo llevó hasta la mesita de noche, donde estaba el teléfono. Se sentó en una de las dos camas gemelas ya hecha y —ya era la cuarta o quinta llamada— levantó el auricular del teléfono.

—Diga—dijo, manteniendo extendidos los dedos de la mano izquierda lejos de la bata de seda blanca, que era lo único que llevaba puesto, junto con las chinelas: los anillos estaban en el cuarto de baño.

—Su llamada a Nueva York, señora Glass—dijo la operadora.

—Gracias—contestó la chica, e hizo sitio en la mesita de noche para el cenicero.

A través del auricular llegó una voz de mujer:

—¿Muriel? ¿Eres tú?

La chica alejó un poco el auricular del oído.

—Sí, mamá. ¿Cómo estás?—dijo.

—He estado preocupadísima por ti. ¿Por qué no has llamado? ¿Estás bien?

—Traté de telefonear anoche y anteanoche. Los teléfonos aquí han...

—¿Estás bien, Muriel?

La chica separó un poco más el auricular de su oreja.

—Estoy perfectamente. Hace mucho calor. Este es el día más caluroso que ha habido en Florida desde...

—¿Por qué no has llamado antes? He estado tan preocupada...

—Mamá, querida, no me grites. Te oigo perfectamente —dijo la chica—. Anoche te llamé dos veces. Una vez justo después...

—Le dije a tu padre que seguramente llamarías anoche. Pero no, él tenía que... ¿estás bien, Muriel? Dime la verdad.

—Estoy perfectamente. Por favor, no me preguntes siempre lo mismo.

—¿Cuándo llegasteis?

—No sé... el miércoles, de madrugada.

—¿Quién condujo?

—Él—dijo la chica—. Y no te asustes. Condujo bien. Yo misma estaba asombrada.

—¿Condujo él? Muriel, me diste tu palabra de que...

—Mamá—interrumpió la chica—, acabo de decírtelo. Condujo perfectamente. No pasamos de ochenta en todo el trayecto, ésa es la verdad.

—¿No trató de hacer el tonto otra vez con los árboles?

—Vuelvo a repetirte que condujo muy bien, mamá. Vamos, por favor. Le pedí que se mantuviera cerca de la línea blanca del centro, y todo lo demás, y entendió perfectamente, y lo hizo. Hasta se esforzaba por no mirar los árboles... se notaba. Por cierto, ¿papá ha hecho arreglar el coche?

—Todavía no. Es que piden cuatrocientos dólares, sólo para...

—Mamá, Seymour le dijo a papá que pagaría él. Así que no hay motivo para...

—Bueno, ya veremos. ¿Cómo se portó? Digo, en el coche y demás..

—Muy bien—dijo la chica.

—¿Sigue llamándote con ese horroroso...?

—No. Ahora tiene uno nuevo.

—¿Cuál?

—Mamá... ¿qué importancia tiene

—Muriel, insisto en saberlo. Tu padre...

—Está bien, está bien. Me llama Miss Buscona Espiritual 1948—dijo la chica, con una risita.

—No tiene nada de gracioso, Muriel. Nada de gracioso. Es horrible. Realmente, es triste. Cuando pienso cómo...

—Mamá—interrumpió la chica—, escúchame. ¿Te acuerdas de aquel libro que me mandó de Alemania? Unos poemas en alemán. ¿Qué hice con él? Me he estado rompiendo la cabeza...

—Lo tienes tú.

—¿Estás segura?—dijo la chica.

—Por supuesto. Es decir, lo tengo yo. Está en el cuarto de Freddy. Lo dejaste aquí y no había sitio en la... ¿Por qué? ¿Te lo ha pedido él?

—No. Simplemente me preguntó por él, cuando veníamos en el coche. Me preguntó si lo había leído.

—¡Pero está en alemán!

—Sí, mamita. Ese detalle no tiene importancia—dijo la chica, cruzando las piernas—. Dijo que casualmente los poemas habían sido escritos por el único gran poeta de este siglo. Me dijo que debería haber comprado una traducción o algo así. O aprendido el idioma... nada menos...

—Espantoso. Espantoso. Es realmente triste... Ya decía tu padre anoche...

—Un segundo, mamá—dijo la chica. Se acercó hasta el alféizar en busca de cigarrillos, encendió uno y volvió a sentarse en la cama—. ¿Mamá?—dijo, echando una bocanada de humo.

—Muriel, mira, escúchame.

—Te estoy escuchando.

—Tu padre habló con el doctor Sivetski.

—¿Sí?—dijo la chica.

—Le contó todo. Por lo menos, eso me dijo, ya sabes cómo es tu padre. Los árboles. Ese asunto de la ventana. Las cosas horribles que le dijo a la abuela acerca de sus proyectos sobre la muerte. Lo que hizo con esas fotos tan bonitas de las Bermudas... ¡Todo!

—¿Y...?—dijo la chica.

—En primer lugar, dijo que era un verdadero crimen que el ejército lo hubiera dado de alta del hospital. Palabra. En definitiva, dijo a tu padre que hay una posibilidad, una posibilidad muy grande, dijo, de que Seymour pierda por completo la razón. Te lo juro.

—Aquí, en el hotel, hay un psiquiatra —dijo la chica.

—¿Quién? ¿Cómo se llama?

—No sé. Rieser o algo así. Dicen que es un psiquiatra muy bueno.

—Nunca lo he oído nombrar.

—De todos modos, dicen que es muy bueno.

—Muriel, por favor, no seas inconsciente. Estamos muy preocupados por ti. Lo cierto es que... anoche tu padre estuvo a punto de enviarte un telegrama para que volvieras inmediatamente a casa...

—Por ahora no pienso volver, mamá. Así que tómalo con calma.

—Muriel, te doy mi palabra. El doctor Sivetski ha dicho que Seymour podía perder por completo la...

—Mamá, acabo de llegar. Hace años que no me tomo vacaciones, y no pienso meter todo en la maleta y volver a casa porque sí—dijo la chica—. Por otra parte, ahora no podría viajar. Estoy tan quemada por el sol que ni me puedo mover.

—¿Te has quemado mucho? ¿No has usado ese bronceador que te puse en la maleta? Está...

—Lo usé. Pero me quemé lo mismo.

—¡Qué horror! ¿Dónde te has quemado?

—Me he quemado toda, mamá, toda.

—¡Qué horror!

—No me voy a morir.

—Dime, ¿has hablado con ese psiquiatra?

—Bueno... sí... más o menos...—dijo la chica.

—¿Qué dijo? ¿Dónde estaba Seymour cuando le hablaste?

—En la Sala Océano, tocando el piano. Ha tocado el piano las dos noches que hemos pasado aquí.

—Bueno, ¿qué dijo?

—¡Oh, no mucho! Él fue el primero en hablar. Yo estaba sentada anoche a su lado, jugando al bingo, y me preguntó si el que tocaba el piano en la otra sala era mi marido. Le dije que sí, y me preguntó si Seymour había estado enfermo o algo por el estilo. Entonces yo le dije...

—¿Por que te hizo esa pregunta?

—No sé, mamá. Tal vez porque lo vio tan pálido, y yo qué sé—dijo la chica—. La cuestión es que, después de jugar al bingo, él y su mujer me invitaron a tomar una copa. Y yo acepté. La mujer es espantosa. ¿Te acuerdas de aquel vestido de noche tan horrible que vimos en el escaparate de Bonwit? Aquel vestido que tú dijiste que para llevarlo había que tener un pequeño, pequeñísimo...

—¿El verde?

—Lo llevaba puesto. ¡Con unas cadenas...! Se pasó el rato preguntándome si Seymour era pariente de esa Suzanne Glass que tiene una tienda en la avenida Madison... la mercería...

—Pero ¿qué dijo él? El médico.

—Ah, sí... Bueno... en realidad, no dijo mucho. Sabes, estábamos en el bar. Había mucho barullo.

—Sí, pero... ¿le... le dijiste lo que trató de hacer con el sillón de la abuela?

—No, mamá. No entré en detalles—dijo la chica—. Seguramente podré hablar con él de nuevo. Se pasa todo el día en el bar.

—¿No dijo si había alguna posibilidad de que pudiera ponerse... ya sabes, raro, o algo así...? ¿De que pudiera hacerte algo...?

—En realidad, no—dijo la chica—. Necesita conocer más detalles, mamá. Tienen que saber todo sobre la infancia de uno... todas esas cosas. Ya te digo, había tanto ruido que apenas podíamos hablar.

—En fin. ¿Y tu abrigo azul?

—Bien. Le subí un poco las hombreras.

—¿Cómo es la ropa este año?

—Terrible. Pero preciosa. Con lentejuelas por todos lados.

—¿Y tu habitación?

—Está bien. Pero nada más que eso. No pudimos conseguir la habitación que nos daban antes de la guerra—dijo la chica—. Este año la gente es espantosa. Tendrías que ver a los que se sientan al lado nuestro en el comedor. Parece que hubieran venido en un camión.

—Bueno, en todas partes es igual. ¿Y tu vestido de baile?

—Demasiado largo. Te dije que era demasiado largo.

—Muriel, te lo voy a preguntar una vez más... ¿En serio, va todo bien?

—Sí, mamá—dijo la chica—. Por enésima vez.

—¿Y no quieres volver a casa?

—No, mamá.

—Tu padre dijo anoche que estaría encantado de pagarte el viaje si quisieras irte sola a algún lado y pensarlo bien. Podrías hacer un hermoso crucero. Los dos pensamos...

—No, gracias—dijo la chica, y descruzó las piernas.

—Mamá, esta llamada va a costar una for...

—Cuando pienso cómo estuviste esperando a ese muchacho durante toda la guerra... quiero decir, cuando una piensa en esas esposas alocadas que...

—Mamá—dijo la chica—. Colguemos. Seymour puede llegar en cualquier momento.

—¿Dónde está?

—En la playa.

—¿En la playa? ¿Solo? ¿Se porta bien en la playa?

—Mamá—dijo la chica—. Hablas de él como si fuera un loco furioso.

—No he dicho nada de eso, Muriel.

—Bueno, ésa es la impresión que das. Mira, todo lo que hace es estar tendido en la arena. Ni siquiera se quita el albornoz.

—¿Que no se quita el albornoz? ¿Por qué no?

—No lo sé. Tal vez porque tiene la piel tan blanca.

—Dios mío, necesita tomar sol. ¿Por qué no lo obligas?

—Lo conoces muy bien—dijo la chica, y volvió a cruzar las piernas—. Dice que no quiere tener un montón de imbéciles alrededor mirándole el tatuaje.

—¡Si no tiene ningún tatuaje! ¿O acaso se hizo tatuar cuando estaba en la guerra?

—No, mamá. No, querida—dijo la chica, y se puso de pie—. Escúchame, a lo mejor te llamo otra vez mañana.

—Muriel, hazme caso.

—Sí, mamá—dijo la chica, cargando su peso sobre la pierna derecha.

—Llámame en cuanto haga, o diga, algo raro..., ya me entiendes. ¿Me oyes?

—Mamá, no le tengo miedo a Seymour.

—Muriel, quiero que me lo prometas.

—Bueno, te lo prometo. Adiós, mamá—dijo la chica—. Besos a papá—y colgó.


***

—Ver más vidrio (1)—dijo Sybil Carpenter, que estaba alojada en el hotel con su madre—. ¿Has visto más vidrio?

—Cariño, por favor, no sigas repitiendo eso. Vas a volver loca a mamaíta. Estáte quieta, por favor.

La señora Carpenter untaba la espalda de Sybil con bronceador, repartiéndolo sobre sus omóplatos, delicados como alas. Sybil estaba precariamente sentada sobre una enorme y tensa pelota de playa, mirando el océano. Llevaba un traje de baño de color amarillo canario, de dos piezas, una de las cuales en realidad no necesitaría hasta dentro de nueve o diez años.

—No era más que un simple pañuelo de seda... una podía darse cuenta cuando se acercaba a mirarlo—dijo la mujer sentada en la hamaca contigua a la de la señora Carpenter—. Ojalá supiera cómo lo anudó. Era una preciosidad.

—Por lo que dice, debía de ser precioso—asintió la señora Carpenter.

—Estáte quieta, Sybil, cariño...

—¿Viste más vidrio?—dijo Sybil.

La señora Carpenter suspiró.

—Muy bien—dijo. Tapó el frasco de bronceador—. Ahora vete a jugar, cariño. Mamaíta va a ir al hotel a tomar un martini con la señora Hubbel. Te traeré la aceituna.

Cuando estuvo libre, Sybil echó a correr inmediatamente por el borde firme de la playa hacia el Pabellón de los Pescadores. Se detuvo únicamente para hundir un pie en un castillo de arena inundado y derruido, y en seguida dejó atrás la zona reservada a los clientes del hotel.

Caminó cerca de medio kilómetro y de pronto echó a correr oblicuamente, alejándose del agua hacia la arena blanda. Se detuvo al llegar junto a un hombre joven que estaba echado de espaldas.

—¿Vas a ir al agua, ver más vidrio?—dijo.

El joven se sobresaltó, llevándose instintivamente la mano derecha a las solapas del albornoz. Se volvió boca abajo, dejando caer una toalla enrollada como una salchicha que tenía sobre los ojos, y miró de reojo a Sybil.

—¡Ah!, hola, Sybil.

—¿Vas a ir al agua?

—Te esperaba—dijo el joven—. ¿Qué hay de nuevo?

—¿Qué?—dijo Sybil.

—¿Qué hay de nuevo? ¿Qué programa tenemos?

—Mi papá llega mañana en un avión—dijo Sybil, tirándole arena con el pie.

—No me tires arena a la cara, niña—dijo el joven, cogiendo con una mano el tobillo de Sybil—. Bueno, ya era hora de que tu papi llegara. Lo he estado esperando horas. Horas.

—¿Dónde está la señora?—dijo Sybil.

—¿La señora?—el joven hizo un movimiento, sacudiéndose la arena del pelo ralo—. Es difícil saberlo, Sybil. Puede estar en miles de lugares. En la peluquería. Tiñéndose el pelo de color visón. O en su habitación, haciendo muñecos para los niños pobres.

Se puso boca abajo, cerró los dos puños, apoyó uno encima del otro y acomodó el mentón sobre el de arriba.

—Pregúntame algo más, Sybil—dijo—. Llevas un bañador muy bonito. Si hay algo que me gusta, es un bañador azul.

Sybil lo miró asombrada y después contempló su prominente barriga.

—Es amarillo—dijo—. Es amarillo.

—¿En serio? Acércate un poco más.

Sybil dio un paso adelante.

—Tienes toda la razón del mundo. Qué tonto soy.

—¿Vas a ir al agua?—dijo Sybil.

—Lo estoy considerando seriamente, Sybil. Lo estoy pensando muy en serio.

Sybil hundió los dedos en el flotador de goma que el joven usaba a veces como almohadón.

—Necesita aire—dijo.

—Es verdad. Necesita más aire del que estoy dispuesto a admitir—retiró los puños y dejó que el mentón descansara en la arena—. Sybil—dijo—, estás muy guapa. Da gusto verte. Cuéntame algo de ti—estiró los brazos hacia delante y tomó en sus manos los dos tobillos de Sybil—. Yo soy capricornio. ¿Cuál es tu signo?

—Sharon Lipschutz dijo que la dejaste sentarse a tu lado en el taburete del piano—dijo Sybil.

—¿Sharon Lipschutz dijo eso?

Sybil asintió enérgicamente. Le soltó los tobillos, encogió los brazos y apoyó la mejilla en el antebrazo derecho.

—Bueno —dijo—. Tú sabes cómo son estas cosas, Sybil. Yo estaba sentado ahí, tocando. Y tú te habías perdido de vista totalmente y vino Sharon Lipschutz y se sentó a mi lado. No podía echarla de un empujón, ¿no es cierto?

—Sí que podías.

—Ah, no. No era posible. Pero ¿sabes lo que hice?

—¿Qué?

—Me imaginé que eras tú.

Sybil se agachó y empezó a cavar en la arena.

—Vayamos al agua—dijo.

—Bueno—replicó el joven—. Creo que puedo hacerlo.

—La próxima vez, échala de un empujón —dijo Sybil.

—¿Que eche a quién?

—A Sharon Lipschutz.

—Ah, Sharon Lipschutz —dijo él—. ¡Siempre ese nombre! Mezcla de recuerdos y deseos.—De repente se puso de pie y miró el mar—. Sybil—dijo—, ya sé lo que podemos hacer. Intentaremos pescar un pez plátano.

—¿Un qué?

—Un pez plátano—dijo, y desanudó el cinturón de su albornoz.

Se lo quitó. Tenía los hombros blancos y estrechos. El traje de baño era azul eléctrico. Plegó el albornoz, primero a lo largo y después en tres dobleces. Desenrolló la toalla que se había puesto sobre los ojos, la tendió sobre la arena y puso encima el albornoz plegado. Se agachó, recogió el flotador y se lo puso bajo el brazo derecho. Luego, con la mano izquierda, tomó la de Sybil.

Los dos echaron a andar hacia el mar.

—Me imagino que ya habrás visto unos cuantos peces plátano—dijo el joven.

Sybil negó con la cabeza.

—¿En serio que no? Pero, ¿dónde vives, entonces?

—No sé—dijo Sybil.

—Claro que lo sabes. Tienes que saberlo. Sharon Lipschutz sabe dónde vive, y sólo tiene tres años y medio.

Sybil se detuvo y de un tirón soltó su mano de la de él. Recogió una concha y la observó con estudiado interés. Luego la tiró.

—Whirly Wood, Connecticut—dijo, y echó nuevamente a andar, sacando la barriga.

—Whirly Wood, Connecticut—dijo el joven—. ¿Eso, por casualidad, no está cerca de Whirly Wood, Connecticut?

Sybil lo miró:

—Ahí es donde vivo—dijo con impaciencia—. Vivo en Whirly Wood, Connecticut.

Se adelantó unos pasos, se cogió el pie izquierdo con la mano izquierda y dio dos o tres saltos.

—No puedes imaginarte cómo lo aclara todo eso —dijo él.

Sybil soltó el pie:

—¿Has leído El negrito Sambo?—dijo.

—Es gracioso que me preguntes eso—dijo él—. Da la casualidad que acabé de leerlo anoche.—Se inclinó y volvió a tomar la mano de Sybil—. ¿Qué te pareció?

—¿Te acuerdas de los tigres que corrían todos alrededor de ese árbol?

—Creí que nunca iban a parar. Jamás vi tantos tigres.

—No eran más que seis—dijo Sybil.

—¡Nada más que seis! —dijo el joven—. ¿Y dices «nada más»?

—¿Te gusta la cera?—preguntó Sybil.

—¿Si me gusta qué?

—La cera.

—Mucho. ¿A ti no?

Sybil asintió con la cabeza:

—¿Te gustan las aceitunas?—preguntó.

—¿Las aceitunas?... Sí. Las aceitunas y la cera. Nunca voy a ningún lado sin ellas.

—¿Te gusta Sharon Lipschutz?—preguntó Sybil.

—Sí. Sí me gusta. Lo que más me gusta de ella es que nunca hace cosas feas a los perritos en la sala del hotel. Por ejemplo, a ese bulldog enano de la señora canadiense. Te resultará difícil creerlo, pero hay algunas niñas que se divierten mucho pinchándolo con los palitos de los globos. Pero Sharon, jamás. Nunca es mala ni grosera. Por eso la quiero tanto.

Sybil no dijo nada.

—Me gusta masticar velas—dijo ella por último.

—Ah, ¿y a quién no?—dijo el joven mojándose los pies—. ¡Diablos, qué fría está!—Dejó caer el flotador en el agua—. No, espera un segundo, Sybil. Espera a que estemos un poquito más adentro.

Avanzaron hasta que el agua llegó a la cintura de Sybil. Entonces el joven la levantó y la puso boca abajo en el flotador.

—¿Nunca usas gorro de baño ni nada de eso?—preguntó él.

—No me sueltes—dijo Sybil—. Sujétame, ¿quieres?

—Señorita Carpenter, por favor. Yo sé lo que estoy haciendo—dijo el joven—. Ocúpate sólo de ver si aparece un pez plátano. Hoy es un día perfecto para los peces plátano.

—No veo ninguno—dijo Sybil.

—Es muy posible. Sus costumbres son muy curiosas. Muy curiosas.

Siguió empujando el flotador. El agua le llegaba al pecho.

—Llevan una vida triste—dijo—. ¿Sabes lo que hacen, Sybil?

Ella negó con la cabeza.

—Bueno, te lo explicaré. Entran en un pozo que está lleno de plátanos. Cuando entran, parecen peces como todos los demás. Pero, una vez dentro, se portan como cerdos, ¿sabes? He oído hablar de peces plátano que han entrado nadando en pozos de plátanos y llegaron a comer setenta y ocho plátanos—empujó al flotador y a su pasajera treinta centímetros más hacia el horizonte—. Claro, después de eso engordan tanto que ya no pueden salir. No pasan por la puerta.

—No vayamos tan lejos—dijo Sybil—. ¿Y qué pasa despues con ellos?

—¿Qué pasa con quiénes?

—Con los peces plátano.

—Bueno, ¿te refieres a después de comer tantos plátanos que no pueden salir del pozo?

—Sí—dijo Sybil.

—Mira, lamento decírtelo, Sybil. Se mueren.

—¿Por qué?—preguntó Sybil.

—Contraen fiebre platanífera. Una enfermedad terrible.

—Ahí viene una ola—dijo Sybil nerviosa.

—No le haremos caso. La mataremos con la indiferencia—dijo el joven—, como dos engreídos.

Tomó los tobillos de Sybil con ambas manos y empujó hacia delante. El flotador levantó la proa por encima de la ola. El agua empapó los cabellos rubios de Sybil, pero sus gritos eran de puro placer.

Cuando el flotador estuvo nuevamente inmóvil, se apartó de los ojos un mechón de pelo pegado, húmedo, y comentó:

—Acabo de ver uno.

—¿Un qué, amor mío?

—Un pez plátano.

—¡No, por Dios!—dijo el joven—. ¿Tenía algún plátano en la boca?

—Sí—dijo Sybil—. Seis.

De pronto, el joven tomó uno de los mojados pies de Sybil que colgaban por el borde del flotador y le besó la planta.

—¡Eh!—dijo la propietaria del pie, volviéndose.

—¿Cómo, eh? Ahora volvamos. ¿Ya te has divertido bastante?

—¡No!

—Lo siento—dijo, y empujó el flotador hacia la playa hasta que Sybil descendió. El resto del camino lo llevó bajo el brazo.

—Adiós —dijo Sybil, y salió corriendo hacia el hotel.

El joven se puso el albornoz, cruzó bien las solapas y metió la toalla en el bolsillo. Recogió el flotador mojado y resbaladizo y se lo acomodó bajo el brazo. Caminó solo, trabajosamente, por la arena caliente, blanda, hasta el hotel.

En el primer nivel de la planta baja del hotel—que los bañistas debían usar según instrucciones de la gerencia— entró con él en el ascensor una mujer con la nariz cubierta de pomada.

—Veo que me está mirando los pies—dijo él, cuando el ascensor se puso en marcha.

—¿Cómo dice?—dijo la mujer.

—Dije que veo que me está mirando los pies.

—Perdone, pero casualmente estaba mirando el suelo —dijo la muier, y se volvió hacia las puertas del ascensor.

—Si quiere mirarme los pies, dígalo—dijo el joven—. Pero, maldita sea, no trate de hacerlo con tanto disimulo.

—Déjeme salir, por favor—dijo rápidamente la mujer a la ascensorista.

Cuando se abrieron las puertas, la mujer salió sin mirar hacia atrás.

—Tengo los pies completamente normales y no veo por qué demonios tienen que mirármelos—dijo el joven—. Quinto piso, por favor.

Sacó la llave de la habitación del bolsillo de su albornoz.

Bajó en el quinto piso, caminó por el pasillo y abrió la puerta del 507. La habitación olía a maletas nuevas de piel de ternera y a quitaesmalte de uñas.

Echó una ojeada a la chica que dormía en una de las camas gemelas. Después fue hasta una de las maletas, la abrió y extrajo una automática de debajo de un montón de calzoncillos y camisetas, una Ortgies calibre 7,65. Sacó el cargador, lo examinó y volvió a colocarlo. Quitó el seguro. Después se sentó en la cama desocupada, miró a la chica, apuntó con la pistola y se disparó un tiro en la sien derecha.



   
 

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18-09-09_ Little Brother by Cory Doctorow
26-10-08_ Yo también odio Barcelona
28-09-08_ En el mundo interior del capital * Peter Sloterdijk
11-10-08_ No existe lo híbrido, sólo la ambivalencia * Jacques Rancière
18-09-09_ El fantasma del fantasma * Aproximaciones al régimen escópico de Las Meninas
11-10-08_ Remembering David Foster Wallace (R.I.P)
18-09-08_ Milagros de la vida * J.G. Ballard
08-09-08_ Rudyard Kipling * El rickshaw fantasma
07-08-08_ Descansa en paz * Leopoldo Alas
02-09-08_ Diseccionando a JG Ballard
01-08-08_ Las artes espaciales * Entrevista a Jacques Derrida - Peter Brunette y David Wills
02-09-08_ Ser es ser mediático
02-09-08_ Teoria del significado
22-07-08_ ¿Dios ha MUERTO?
30-06-08_ Tales of natural beauty * Edgar Allan Poe
22-07-08_ Passages from James Joyce's Finnegans Wake * Mary Ellen Bute (1965-67)
22-07-08_ El ejercicio crítico de la filosofía * entrevista a Barbara Cassin _ Gustavo Santiago
26-06-08_ Otra noche
18-09-08_ Baudrillard * La violencia de la imagen
25-05-08_ MiCrOsOfT suelta el SCANNER
06-06-08_ CAFÉ PEREC * Enrique Vila-Matas
10-06-08_ Unraveling Identity
11-05-08_ Hacerse sentir en el presente
13-05-08_ La responsabilidad del artista * Jean Clair
08-06-08_ La obra de arte y el fin de la era de lo singular
31-03-08_ Del Amor y la Muerte
01-04-08_ PROFESORES
13-04-08_ Los domingos de Baudelaire
24-03-08_ Samuel Beckett * Stirring still
22-03-08_ Llámalo NOCILLA
13-03-08_ Sombras y fantasmas aterradores, irónicos y malévolos
24-03-08_ Ecology: a New Opium for the Masses
02-04-08_ Encarnar la crítica
31-03-08_ Todo es y se ha hecho posible
02-03-08_ Dos días en Viena
16-03-08_ mirad, mirad, malditos (en souhaitant beaucoup de papillons)
19-02-08_ Download Steal This Book Today Alpha… Today!
24-03-08_ CERRADURA y LLAVE
24-03-08_ J. G. Ballard, de Shanghai al neo-barbarismo
24-03-08_ La educación del des-artista
24-03-08_ El descrédito de lo visible
24-03-08_ La inconsistencia de los modelos propietarios
24-03-08_ Censorship today
31-12-07_ ¿Estamos preparados para KINDLE?
25-12-07_ Arthur C. Clarke o la razón soñadora
16-12-07_ Alrededor del sueño africano
09-12-07_ 10 types of publication
11-12-07_ Chuck Palhniuk * Entrevista
31-10-07_ EBOOK: Overclocked by Cory Doctorow
02-11-07_ Amsterdam MON AMOUR !
14-10-07_ Y después del Pop
02-11-07_ Trouble with the Real: Lacan as a viewer of Alien*
25-09-07_ La paradoja del escritor sin cara
10-10-07_ La era postmedia
25-09-07_UBU. Selección Otoño 2007
19-09-07_ Cultura_RAM
15-06-08_ Corporeidad Kafkiana
26-08-07_ SPOOK COUNTRY, el manifiesto del pasado reciente
26-06-08_ El teatro de la resistencia electrónica
05-01-08_ McLuhan's Wake
31-07-07_ Alberto Vázquez-Figueroa: "Primero que lean gratis, luego ya comprarán"
23-07-07_ Writing's Crisis v.1.0
23-07-07_ J.G. Ballard - Shanghai Jim
23-06-07_ This one shooting skyward
13-06-07_ Noctem Aeternus
06-06-07_ J.G. Ballard: Shanghai Jim
26-06-07_ Un paraiso extraño
10-05-07_ Persuasión * Jane Austen
10-05-07_ Orgullo y Prejuicio * Jane Austen
23-05-07_ Everything is weird, Epifanio said.
06-05-07_ Hatred of Capitalism: A Semiotext(e) Reader
25-04-07_ El buen soldado * Ford Madox Ford
09-04-07_ Germán y Dorotea *  Goethe
09-04-07_ Esperando a Orlando
05-04-07_ Llamadas telefónicas * Roberto Bolaño
30-03-07_ Hatred of Capitalism: A Semiotext(e) Reader
28-03-07_ Los inconsolables de la catorce
27-03-07_ Los papeles de Aspern * Henry James
29-03-07_ Ortodoxia * G. K. Chesterton
24-03-07_ Kawabata * Lo bello y lo triste
20-03-07_ Jane Austen * Persuasión
10-03-07_ M. Eliade * Visiones de Oriente
30-05-07_ Gate of Heaven
31-05-07_ Noam Chomsky and the Media
06-03-07_ The atrocity exhibition * GJ Ballard covert art
06-03-07_ Secrecy and responsibility * Questions for Derrida and Dostoevsky
04-03-07_ Negro como el carbón
23-02-07_ Jacques Derrida * Leer lo Ilegible
07-03-07_  The End Again 
18-02-07_ Entrevista * Peter Sloterdijk 
19-02-07_ El manifiesto Neoyorkino y las gentes que lo abrazaron
11-02-07_ Siegfried Kracauer * Estética sin Territorio
04-02-07_ UbuWeb Featured Resources February 2007 Selected by Charles Bernstein
31-01-07_ The Waste Land by T.S. Eliot
03-05-07_ La historia del buen viejo y la bella muchacha
03-05-07_ La mujer zurda * Peter Handke
23-12-06_ El ayudante * Robert Walser
22-12-06_ Hypertext 3.0: Critical Theory and NewMedia in an Era of Globalization
20-12-06_ La mejor serie de TV
19-12-06_ Andre Gide * Los sotanos del Vaticano
18-12-06_ Robert Penn Warren * Todos los hombres del Rey
13-12-06_ E.M. Forster * Regreso a Howard's End
12-12-06_ Thomas Bernhard * El sotano
10-12-06_ Atrapada en el Limbo
28-12-06_ Impostor
15-12-06_ La herencia de Dorothy Parker
05-12-06_ Books... that's all
02-12-06_  E-BOOK: Top Ten Titles at Project Gutenberg
28-11-06_ El imitador de voces * Thomas Bernhard
07-12-06_ Notas sobre Imitación y Contagio en la Novela (a partir de Bakhtin)
10-12-06_ Del Limbo * Giorgio Agamben
21-11-06_ Pincha Pynchon?
13-07-07_ Qué sabía Descartes, de verdad? Dos biografías del filósofo
10-11-06_El Crimen Invisible * Catherine Crowe
06-11-06_ Un visionario entre charlatanes
01-11-06_ E-BOOK: Books to Read Before You Die, Part 3
29-10-06_electronic literature collection - vol. 1
26-10-06_ E-BOOK: Books to Read Before You Die, Part 2
22-10-06_ E-BOOK: Books to Read Before You Die, Part 1
09-10-06_Paz y surf
08-10-06_Zonas Autónomas Permanentes
20-09-06_Goethe * Las afinidades electivas
18-09-06_ AUDIO BOOK * Longer Poems from Librivox
14-09-06_Félix Duque * ¿Hacia la paz perpetua o hacia el terrorismo perpetuo?
02-09-06_Only Revolutions, Danielewski on the road
01-09-06_International Man of Mystery
31-08-06_Rudiger Safranski * El mal
07-09-06_Andre Dubus y los cánones
03-05-08_ Ernst Jünger * Tiempo mensurable y tiempo del destino
14-01-08_ Ernst Jünger * La Emboscadura
30-08-06_Sloterdijk en la era de la levitación
28-08-06_Escribid, malditos, escribid
20-08-06_AUDIO BOOK: Genesis (in Hebrew)
15-08-06_Thomas Bernhard... y yo (BobPop)
15-08-06_El Gran Hermano «BEAT»
13-08-06_E-BOOK: Five of Shakespeare's best
11-08-06_Cory Doctorow * Down and out in the magic kingdom
11-08-06_Stranger than science fiction
10-08-06_AUDIO BOOK: Metamorphosis by Kafka
07-08-06_Dave Eggers... y yo (BopPop)
06-08-06_Enséñame a filmar
01-08-06_Pensar el presente
30-07-06_El cuarto purgatorio * Carlo Frabetti
30-07-06_El hijo de Gutemberg * Borja Delclaux
27-07-06_On the Road' again -- this time unedited
25-07-06_Thomas Pynchon — A Journey into the mind of [P.]
26-07-06_Strange sexual practices take place
22-07-06_Talk Talk * T.C. Boyle
22-07-06_“Cuentos completos - I” de Philip K. Dick
01-08-06_The Second Coming of Philip K. Dick
25-07-06_¿Le sirvo un poco más de té, señor Nabokov?
04-07-06_Man In Black
01-07-06_Las preguntas de Heidegger
29-06-06_Más de 300.000 obras gratis
26-06-06_Charles-Louis Philippe * Bubu de Montparnasse
18-06-06_Juan Carlos Castillón * Las políticas del secreto
18-06-06_Vernon Lee * La voz maligna
12-06-06_Bloomsday 06
12-06-06_Animales todos
17-06-06_Hagakure
07-06-06_De Sun Tzu a la Xbox: juegos de guerra
03-06-06_James Mangan * Una aventura extraordinaria en las sombras
12-06-06_Harold Bloom * Jesús y Yahvé, los nombres divinos
01-06-06_Conferencia de Felipe Martínez Marzoa: El pensamiento de Heidegger
30-05-06_Stefan Zweig * La impaciencia del corazón
22-05-06_Joris-Karl Huysmans * Cornelis Bega
19-05-06_Metáforas que nos piensan
06-06-06_Synesthesia and Intersenses: Intermedia
06-06-06_The Gospel according to Philip K. Dick
14-05-06_El Dios de las pesadillas * Paula Fox
14-05-06_La pelirroja * Fialho de Almeida
07-05-06_Chuck Klosterman * Pégate un tiro para sobrevivir
07-06-06_Slavoj Zizek * Lacrimae rerum
04-05-06_Eugenio Trías * Prefacio a Goethe
04-05-06_Ray Bradbury * Calidoscopio
04-08-06_Un día perfecto para el pez plátano
04-05-06_Seymour Glass
04-05-06_Julio Camba * La ciudad automática
07-06-06_Dictator Style
04-05-06_Rudiger Safranski * Schiller, o la invención del idealismo alemán
28-04-06_Michel Houellebecq * H. P. Lovecraft. Contra el mundo, contra la vida
04-05-06_El corazón de las tinieblas * Síntesis selvática
22-04-06_G. Flaubert * Diccionario de los lugares comunes
21-04-06_¡¡MADRID LEE!! (y otras pildoras de su interes)
21-04-06_HOWL fifty years later
21-04-06_Cees Nooteboom * Perdido el paraíso
01-05-06_Las Tres Vanguardias
19-04-06_El libro de Jack. Una biografía oral de Jack Kerouac
23-04-06_Hegel - Chesterton: German Idealism and Christianity
10-04-06_FRENCH THEORY * Posteridades intelectuales
11-04-06_La literatura y el mal
09-04-06_Corman McCarthy
09-04-06_Gabriele d’Annunzio * De cómo la marquesa de Pietracamela donó sus bellas manos a la princesa de Scúrcula
09-04-06_Saved Kashua * Árabes danzantes
09-04-06_Jim Mccue * No Author Served Better
09-04-06_Gary Adelman * Naming Beckett’s Unnamable
09-04-06_Thomas Browne * Sobre errores vulgares
08-04-06_Encuentros con Beckett
09-04-06_Michiko Tsushima * The Space of Vacillation
08-04-06_Trotsky * Memoria de un revolucionario permanente
08-04-06_Rafael Doctor * Masticar los tallos...
03-04-06_Edie... Sedgwick
02-04-06_El corazón de las tinieblas * Joseph Conrad
01-04-06_Parientes pobres del diablo * Cristina Fernández Cubas
01-04-06_China S.A. * Ted Fishman
01-04-06_Subnormal * Sergi Puertas
21-04-06_Homúnculos y Demonios
30-03-06_Creación e Inteligencia Colectiva * El libro.
28-03-06_Young Adult Fiction
25-03-06_Nada es sagrado, todo se puede decir * Raoul Vaneigem
25-03-06_Tras la verdad literaria * Herman Melville
22-03-06_Lovercraft según Houllebecq
19-03-06_Cees Nooteboom | Perdido el paraíso
16-03-06_La idea de Europa | George Steiner
16-03-06_Contra el fanatismo | Amos Oz
16-03-06_La sociedad invisible | Daniel Innerarity
13-03-06_Ashbery. Autorretrato en espejo convexo
23-07-07_ Autor, autor
25-03-06_Pushkin, Mozart y Salieri
04-03-06_Across the Universe | 'Counting Heads'
13-03-07_El Hombre variable
19-03-06_Entrevista: Bret Easton Ellis / Lunar Park
26-02-06_Bloy, profeta en el desierto / Historias impertinentes
26-02-06_Tratado de ateología
13-02-06_Contra la escritura por encargo / Hipotermia
07-02-06_El mono científico
07-02-06_El Relojero
19-03-06_La obra maestra desconocida / Honoré de Balzac
29-01-06_Un caso de Identidad / Arthur conan Doyle
29-01-06_Una escritora entre Oriente y Occidente / Entrevista: Amélie Nothomb
29-01-06_Viaje al fondo de la habitación / Tibor Fischer
23-01-06_Puntualmente / Günter Grass
18-01-06_Two Million Feet of Vinyl
16-01-06_No tan libres como parece
09-01-06_The Coming Meltdown
07-01-06_Palabra
07-01-06_Nada volvió a ser lo mismo
06-01-06_A Debut Novel Serves Up an Irish Stew in London
27-12-05_Jazz and Death: Medical Profiles of Jazz Greats
06-01-06_John Berger: /«Una vida sin deseos no merece la pena»
03-12-05_La gran obra de Murasaki Shikibu
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